¡Sí! a la lactancia materna

¿Sabías que si se empezase a amamantar a cada niño en la primera hora tras su nacimiento, dándole solo leche materna durante los primeros seis meses de vida y siguiendo dándole el pecho hasta los dos años, cada año se salvarían unas 800 000 vidas infantiles?

Aunque no haya sido lactancia exclusiva, me gusta pensar que el biberón al día que ha recibido Denisse desde su nacimiento y hasta el día de hoy no le ha afectado tanto. Es así como empiezan todos mis días, con ella al pecho, y no hay nada más bonito en este mundo que sentir que en esos momentos yo lo soy todo para ella.

Hoy, 1 de agosto, empieza la semana mundial de la lactancia materna 2016, por eso he pensado que sería interesante dejar por aquí (este espacio por donde paso cada vez menos…) también unos datos muy interesantes sobre la lactancia materna. ¡Quién sabe a quién ayudo a tomar una decisión sobre la forma de alimentar a su hij@ o a encontrar una respuesta a sus preguntas!

La Organización Mundial de la Salud recomienda la lactancia materna exclusiva durante los primeros seis meses de vida. La lactancia debe comenzar en la primera hora de vida, para que el bebé pueda practicar el reflejo de succión con el que nace y para que estimule la producción de calostro (y después, de la leche). Yo tuve la suerte de tener a Denisse muy cerquita durante las primeras horas de su vida, pero, debido a un pequeño problema médico, después de unas 18 horas la ingresaron en neonatologia, donde estuvo recibiendo cada tres horas leche de fórmula durante unos 4 días. Al volver con ella a casa, me recomiendaron seguir con la leche de fórmula, he intentado sacarsela progresivamente, pero he manetenido un biberón al día. ¿Por qué? Porque sabía que cuando regresase al trabajo, después de poco más de 4 meses, ibamos a llegar al mismo punto en el que estabamos. No me arrepiento de haber tomado esta decisión y creo que no he hecho nada mal, ya que la niña sigue mamando, después de 6 meses, y tampoco creo que quiera dejar de hacerlo muy pronto.

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La leche materna es el alimento ideal para los bebés, pues les aporta todos los nutrientes que necesitan para un desarrollo sano. Después de los 6 meses, se pasa a la amientación complementaría, pero la leche materna sigue siendo el alimento principal hasta que el niño cumpla su primer año de vida. La lactancia materna es beneficiosa para la madre también, no sólo para los niños, ya que reduce el riesgo de cáncer de mama y de ovario y la depresión postparto.

El amamantamiento debe hacerse “a demanda”, siempre que el niño lo pida, de día y de noche. Denisse tiene días y días, a veces come cada 4-5 horas y otras veces cada hora. Se sigue despertando por la noche, pero come y luego se queda dormidita de nuevo, así que no me molesta mucho que no haya conseguido quedarse sin esa comida aún (aunque, según el pediatra, tenía que haberlo hecho ya).

A largo plazo, la lactancia materna crea las condiciones necesares para una buena salud durante toda la vida. Los adolescentes y adultos que fueron amamantados de niños tienen menos tendencia a sufrir sobrepeso u obesidad.

¡Anticuerpos! Que no nos olvidemos de ellos. Las leches de fórmula no contienen los anticuerpos que hay en la leche materna. Gracias a Dios, aunque ha nacido en enero, en una Salamanca bastante fría, Denisse no se ha puesto mala hasta ahora ni siquiera una vez. No puedo decir lo mismo sobre mí, que he pasado por varios catarros desde que dí a luz, pero he conseguido no pegarle ninguno a ella.

Muchas madres abandonan la lactancia materna parcial o totalmente porque no tienen tiempo suficiente, al volver a la actividad laboral. O porque no pueden aguantar durante muchas horas no dar pecho y no pueden/no quieren sacarse leche. A mí me pasó lo segundo, no fui capaz de usar el sacaleches (aunque fuese uno de los mejores del mercado), me agobiaba al ver lo mucho que se tardaba en sacar 60 ml de leche, así que después de unos primeros intentos fracasados en el trabajo, lo dejé. Lo bueno es que el cuerpo es muy listo y empieza a producir sólo cuando lo necesitas, es decir, cuando se acerca la hora de regresar a casa y darle al niño de comer. Nosotras lo llevamos bastate bien, de momento, y aunque hayamos pasado a la introducción de los alimentos, no hemos reducido la cantidad de leche. Es necesario bastante tiempo para que los niños aprendan a comer alimentos sólidos, así que yo no le he hecho mucho caso al pediatra, que me dijo que ya debería intentar no darle de comer por las noches, porque se supone que ahora come más durante el día. Sigue mamando varias veces por la tarde y por la noche y yo ¡no puedo ser más feliz! Ojalá podamos seguir así, por lo menos hasta que cumpla un año.

¡Por todas estas razones (y, seguramente, muchas más) sí vale la pena dar el pecho!

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