Historia de un parto, un año después

Hace justo un año estaba de camino al hospital, pensando que iba a volver a casa con mi hija en brazos. Me había despertado ese miércoles con una sensación rara en el cuerpo y con un sentimiento de lo más extraños. Sabía que ese iba a ser el día.

El día 20 de enero, cuando cumplía 40 semanas de embarazo, sobre las 14 empezaron las contracciones. Las primeras, muy llevaderas y muy de vez en cuando. Sobre las 18 he llamado a mi marido para decirle que eso iba en serio, ya las tenía como cada 5-6 minutos y dolían más.

Dos horas después, nos íbamos al hospital. Llevaba con contracciones unas 8 horas, ya me dolía mucho y como durante los últimos meses de embarazo tuve alguno que otro problema pensé que lo mejor era que me vieran. Hemos seguido el procedimiento de pasar por urgencias, hemos subido a la planta 2 del Hospital Clínico de Salamanca y ahí me hicieron una exploración y me pusieron los monitores. No pintaba nada mal, estaba de dilatación 2 pero, según las matronas, quedaba mucho hasta que las contracciones fueran las que el cuerpo necesitaba para desencadenar el parto.

Las 22, volvemos a casa, yo muy decepcionada, por un lado, porque estaba ansiosa de conocer a mi niña, asustada, por otro lado, porque me daba miedo, me dolía bastante y como las matronas me habían dicho que eso no era nada me preguntaba cómo iba a evolucionar la cosa y si voy a poder aguantar tanto dolor. He de decir que todo lo que tenga que ver con los médicos me da muchísimo miedo y no tolero muy bien el dolor, la sangre, etc.

Una vez llegados a casa, el dolor empezó a intensificarse. Muchísimo. Mi marido, que no había ido conmigo a ninguna clase de preparación para el parto estaba flipando conmigo y todas las posturas que estaba probando intentando desesperadamente aliviar un poco el dolor. Me dí un baño que no hizo nada más que empeorar las cosas, ya no podía estar ni de pie, ni sentada, ni nada…me habían dicho que volviera al hospital cuando tuviera las contracciones cada 3 minutos, pero ya no era capaz ni de usar la app, ni de contar, ni nada, y Dragos creo que estaba aún más cagadito que yo…a las 00:30, día 21 de enero ya, nos fuimos de nuevo para el hospital.

Ya no fui capaz de darle ningún dato al hombre de recepción en urgencias (recuerdo que era un hombre, eso sí, jajaja), desde la planta baja hasta la segunda tuve dos contracciones más, una en el ascensor, otra en el pasillo. De nuevo consulta, yo diciendo “me duele mucho” y la matrona (que era la misma que antes, pero de tanto dolor ni me daba cuenta de ello) suelta las palabras mágicas: “Eres una campeona, hija. Has aguantado como una campeona. Estás de dilatación 10”. Mi cara tiene que haber sido un puto poema. ¿Y mi epidural? ¿Como iba a dar yo a luz sin epidural? Porque sabía que a esas alturas ya  era imposible que me la pusieran.

La siguiente media hora creo que fue la más rápida de mi vida. Que oxitocina, que no sé qué…ni me habían puesto bien aún la vía que yo tenía ganas de empujar. Me llevaron al paritorio y …esa parte mejor no os la cuento. No recuerdo haber gritado nunca tanto, ni haber sentido tanto dolor, ni tanto miedo. Pero valió la pena.

A la 1:00 me ingresaban. A las 01:50 veía por primera vez a mi hija. Mi vida. Mi todo.

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3,250 g de felicidad. Una boquita pequeña, una nariz simpática y unos ojos con los que había soñado tanto. Las primeras palabras que  le he dicho han sido “Iubirea mea”, “mi amor” en rumano.

 

Un año después, la tengo a mi lado, durmiendo, y no puedo estar más contenta. Ella lo ha cambiado todo y se lo merece todo.

2016, el año más bonito de mi vida

Hace justo un año estaba contando las últimas horas de 2015, los últimos días de embarazo, las últimas semanas de ser 2, nosotros 2.

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Hoy, 31 de diciembre del 2016, puedo decirlo más alto, pero no más claro: ¡ha sido el mejor año de mi vida!

Porque 2016 es el año cuando ha nacido mi hija. Nuestra hija. Una personita con los ojos grandes, unas pestañas largas y bonitas, y la sonrisa más dulce del mundo.

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Esta es su primera foto. Tomada como una hora después de haber nacido, porque los primeros momentos de vida nos los guardamos para nosotros y son uno de los recuerdos más bonitos que tenemos y tendremos para toda la vida.

Después de esta…unas 3.000 fotos más (creo) a lo largo del año, porque no quiero olvidarme de ningún día y ni un sólo momento de su vida, su ropita, sus gestos, su sonrisa…incluso sus momentos de llorona inconsolable 🙂

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1 mes 🙂 Y nuestra primera foto los 3 juntos (no me preguntéis por qué no tenemos ninguna de antes, ni idea).

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En Rumanía por primera vez, con 4 meses 🙂

5-luni-denisse6-luni-denisse7-luni-denisse8-luni-denisseCon 8 meses ya me puedo tomar cosas guay 🙂

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Sí, este año ha sido el mejor, gracias a ella. A la sonrisa más dulce, a los deditos más pequeños, a los rizos alegres, a su piel blanquita, a su olor a bebé…

Esta mañana, al despertarse, su padre le ha dicho “Hoy es el último día del año en el que naciste”. Y creo que fui en ese momento cuando me di cuenta de lo rápido que pasa el tiempo, de que ya ha pasado casi un año desde que nació Denisse, de que nada hubiera sido igual este año sin ella en nuestras vidas.

Gracias, mi niña, por ofrecerme en 2016 los mejores momentos. Te prometo que el año que viene lucharé por estar aún más tiempo a tu lado, por no perderme ningún acontecimiento importante de los tuyos, por enseñarte cosas nuevas y darte los besos más dulces cuando me los pides con la mirada. Porque tú y yo nos entendemos con una sola mirada 🙂

2017, te esperamos con los brazos abiertos, ¡seguro que tienes muchas cosas buenas por ofrecernos, aunque no seas igual de especial para nosotros que 2016!

¡Sí! a la lactancia materna

¿Sabías que si se empezase a amamantar a cada niño en la primera hora tras su nacimiento, dándole solo leche materna durante los primeros seis meses de vida y siguiendo dándole el pecho hasta los dos años, cada año se salvarían unas 800 000 vidas infantiles?

Aunque no haya sido lactancia exclusiva, me gusta pensar que el biberón al día que ha recibido Denisse desde su nacimiento y hasta el día de hoy no le ha afectado tanto. Es así como empiezan todos mis días, con ella al pecho, y no hay nada más bonito en este mundo que sentir que en esos momentos yo lo soy todo para ella.

Hoy, 1 de agosto, empieza la semana mundial de la lactancia materna 2016, por eso he pensado que sería interesante dejar por aquí (este espacio por donde paso cada vez menos…) también unos datos muy interesantes sobre la lactancia materna. ¡Quién sabe a quién ayudo a tomar una decisión sobre la forma de alimentar a su hij@ o a encontrar una respuesta a sus preguntas!

La Organización Mundial de la Salud recomienda la lactancia materna exclusiva durante los primeros seis meses de vida. La lactancia debe comenzar en la primera hora de vida, para que el bebé pueda practicar el reflejo de succión con el que nace y para que estimule la producción de calostro (y después, de la leche). Yo tuve la suerte de tener a Denisse muy cerquita durante las primeras horas de su vida, pero, debido a un pequeño problema médico, después de unas 18 horas la ingresaron en neonatologia, donde estuvo recibiendo cada tres horas leche de fórmula durante unos 4 días. Al volver con ella a casa, me recomiendaron seguir con la leche de fórmula, he intentado sacarsela progresivamente, pero he manetenido un biberón al día. ¿Por qué? Porque sabía que cuando regresase al trabajo, después de poco más de 4 meses, ibamos a llegar al mismo punto en el que estabamos. No me arrepiento de haber tomado esta decisión y creo que no he hecho nada mal, ya que la niña sigue mamando, después de 6 meses, y tampoco creo que quiera dejar de hacerlo muy pronto.

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La leche materna es el alimento ideal para los bebés, pues les aporta todos los nutrientes que necesitan para un desarrollo sano. Después de los 6 meses, se pasa a la amientación complementaría, pero la leche materna sigue siendo el alimento principal hasta que el niño cumpla su primer año de vida. La lactancia materna es beneficiosa para la madre también, no sólo para los niños, ya que reduce el riesgo de cáncer de mama y de ovario y la depresión postparto.

El amamantamiento debe hacerse “a demanda”, siempre que el niño lo pida, de día y de noche. Denisse tiene días y días, a veces come cada 4-5 horas y otras veces cada hora. Se sigue despertando por la noche, pero come y luego se queda dormidita de nuevo, así que no me molesta mucho que no haya conseguido quedarse sin esa comida aún (aunque, según el pediatra, tenía que haberlo hecho ya).

A largo plazo, la lactancia materna crea las condiciones necesares para una buena salud durante toda la vida. Los adolescentes y adultos que fueron amamantados de niños tienen menos tendencia a sufrir sobrepeso u obesidad.

¡Anticuerpos! Que no nos olvidemos de ellos. Las leches de fórmula no contienen los anticuerpos que hay en la leche materna. Gracias a Dios, aunque ha nacido en enero, en una Salamanca bastante fría, Denisse no se ha puesto mala hasta ahora ni siquiera una vez. No puedo decir lo mismo sobre mí, que he pasado por varios catarros desde que dí a luz, pero he conseguido no pegarle ninguno a ella.

Muchas madres abandonan la lactancia materna parcial o totalmente porque no tienen tiempo suficiente, al volver a la actividad laboral. O porque no pueden aguantar durante muchas horas no dar pecho y no pueden/no quieren sacarse leche. A mí me pasó lo segundo, no fui capaz de usar el sacaleches (aunque fuese uno de los mejores del mercado), me agobiaba al ver lo mucho que se tardaba en sacar 60 ml de leche, así que después de unos primeros intentos fracasados en el trabajo, lo dejé. Lo bueno es que el cuerpo es muy listo y empieza a producir sólo cuando lo necesitas, es decir, cuando se acerca la hora de regresar a casa y darle al niño de comer. Nosotras lo llevamos bastate bien, de momento, y aunque hayamos pasado a la introducción de los alimentos, no hemos reducido la cantidad de leche. Es necesario bastante tiempo para que los niños aprendan a comer alimentos sólidos, así que yo no le he hecho mucho caso al pediatra, que me dijo que ya debería intentar no darle de comer por las noches, porque se supone que ahora come más durante el día. Sigue mamando varias veces por la tarde y por la noche y yo ¡no puedo ser más feliz! Ojalá podamos seguir así, por lo menos hasta que cumpla un año.

¡Por todas estas razones (y, seguramente, muchas más) sí vale la pena dar el pecho!

2 meses de felicidad

A veces no cambiar lo cambia todo. Si alguien me hubiera dicho esto hace justo un año lo habría pasado mejor. Estaba en un punto interesante de mi vida. Me habían ofrecido trabajo en una empresa de Madrid, muy chula, un puesto de más importancia y más responsabilidad que el que tengo ahora mismo, con muchas posibilidades de crecer y aprender. Me costó muchísimo decir que no, pero el cambio iba a ser demasiado arriesgado y brutal. Tener que mudarme a Madrid, viajar a Salamanca, la ciudad de la que sigo estando enamorada, sólo los fines de de semana, llegar a vivir por y para el trabajo…no era una perspectiva muy buena para mi vida personal, aunque para la vida profesional fuese excepcional.

Pero, en realidad, Dios tenía otros planes para mí. Lo iba a saber un mes más tarde, cuando dos líneas rosas me han sonreído de forma tímida en un test de embarazo hecho de prisa y corriendo, en la pausa del café… Porque el instinto ya me decía que estoy a punto de embarcarme en la aventura más bonita de mi vida: la de ser mamá.
Los primeros meses del embarazo son muy duros, con mucho estrés y mucho miedo. No saber si todo va a salir bien, si el bebé se está desarrollando de la forma adecuada, hace que estés dándole vueltas al tema de forma continua. Pensamientos como los de abajo, escritos un viernes por la mañana, cuando no puedes dormir, aunque dentro de un par de horas tengas que ir al trabajo, vuelven cada cierto tiempo a tu cabeza, haciendo que te vuelvas poco a poco aún más loco de lo que eras.

El miedo más grande que he sentido en la vida. Lagrimas han salido de repente, sin que pudiera controlarlas. He corrido a urgencias…donde he podido escuchar los latidos de tu corazón. Estabas bien ayer, pequeño. Dicen que no es mi culpa, ni la tuya, que es normal…pero a mí…me da miedo.
Hoy he vuelto a notar una mancha pequeña, muy pequeña y muy fina, pero vista con los ojos de la que ya te quiere tanto, parecía enorme…y he hablado contigo. Por primera vez. Hasta ahora, me ha dado cosa hacerlo, no me quiero hacer ilusiones porque queda mucho hasta conocerte, pero…hoy he tenido que hablarte. Y te he dicho lo único que podía haber expresado lo que siento: te quiero mucho, mi peque, y te prometo que si te quedas allí tranquilo hasta enero voy a ser la mejor mamá del mundo. (10 de junio 2015, borrador)

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Hoy, por primera vez después de haber visto esa pantallita que me ponía la palabra mágica, seguida por “2-3 semanas”, he llorado. Porque llevo una semana que estoy en las nubes y tengo ganas de gritar como loca a los cuatro vientos que dentro de 8 meses voy a tener en brazos al bebé más bonito del mundo, MI BEBÉ. Pero…me da tanto miedo. Sé que es demasiado temprano para pensar en un futuro seguro juntos. Sé que los primeros 4 meses son muy importantes y que en cualquier momento la evolución del embarazo puede pararse.

Y se me estremece el corazón pensando en que mi alubita está ahí y no puedo hacer nada para protegerla y estar segura de que un día va a dejar de ser una alubia y va a ser mi bebé. Mi bebé, oliendo a leche, a ternura y …a amor. Nuestro amor.

Dios, dame fuerza para aceptar tu decisión, independientemente de la que sea…(23 de mayo 2015, borrador)

La primera eco, los primeros movimientos, la primera sonrisa, vista en 4d…todo ello te prepara para la avalancha de sentimientos que llegarás a sentir cuando abraces por primera vez a tu bebé. Porque este artículo, en realidad, va sobre esto, sobre el primer abrazo del angelito más bonito del mundo.

El 21 de enero. El día que nunca olvidaré y que quedará en nuestra memoria como la fecha más bonita para nuestra familia. El día que ha nacido nuestra hija, nuestro ángel, nuestra vida.

El 21 de enero, el día que más nos ha cambiado, que a mí me ha hecho sentirme mujer de verdad, que hemos esperado durante 9 meses. Tenía tantas ganas de abrazarla, de saber que está sana, de ver su carita, de empezar una vida en tres…

Y cuando me la pusieron sobre el pecho, segundos después de haber salido a conocer su nueva vida y la vi, tan blanquita, tan guapa, tan perfecta…buscando ya desde el primer momento mi presencia y mis caricias…me enamoré de forma irremediable. La miraba a ella, miraba a su padre, y no podía creer que de verdad mi sueño se había cumplido y, por fin, eramos la familia que tanto deseaba tener.

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Nació a la 1:50 y hasta por la noche no pude dormir. Ya todo daba igual. Sólo contaba ella. La niña más esperada y más querida del mundo entero. Tenerla en mis brazos, tocar sus dedos largos, sus cejas perfectas, sus pies chiquititos…es algo que no se puede expresar, no hay palabras que expresen de verdad todo lo que uno siente cuando llega a ser padre, no hay algo mejor en el mundo entero.

 

…Y han pasado 2 meses desde aquel momento. 2 meses de felicidad absoluta. Esta mañana se ha despertado sonriendo, como hace casi todas las mañanas, y me ha llenado el corazón de alegría. Porque verla a ella feliz se ha convertido en mi mayor placer y en un verdadero objetivo para el futuro. Es mi niña bonita, mi niña buena y haré todo lo posible para que su vida sea llena de alegría, que no le falte de nada y que se convierta en una mujer…como yo, me atrevo a decir 🙂 Pero un poco más mala que yo, para que no tenga que sufrir mucho en esta vida 🙂

Feliz cumplemeses, mi niña 🙂 Mamá y papá te quieren mucho.

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Yo no quería fotos de embarazada, pero…

Yo no quiero fotos con barrigota.

No quiero recordar toda la vida  que estuve tan fea y gorda.

¿Por qué las embarazadas que se hacen sesiones foto de maternidad siempre posan con una mano casi casi en el chichi London? ¡No hace falta que nos indiquen que ahí está el bebé, está bien claro!

…y frases por el estilo soltaba cuando la gente me preguntaba si quiero una sesión foto en el embarazo. Pero a principios de diciembre, encontrándome ya en la recta final del embarazo (y aburriéndome en casa, hay que reconocerlo), me entraron ganas de ponerme guapa (sí, guapa y gorda no son incompatibles) y de coger a mi marido de la mano (léase arrastrarlo) para que nos hagan unas fotos bonitas. La verdad es que tenía ganas de tener algo que mostrarle a mi hija cuando sea mayor, para que entienda por qué cambios ha pasado su madre hasta que llegó a tenerla en brazos, y así poder chantajearla para que me quiera más a mí.

Ahora, hablando en serio, aunque hayan sido unos meses duros, con muchos cambios físicos y, sobre todo, psicológicos, estoy segura de que voy a echar un poco de menos esta barriguita y no tener que compartir con absolutamente nadie a mi hija. Durante estos 9 meses la he tenido tan cerca como no voy a volver a tenerla nunca. He disfrutado de cada una de sus pataditas y le he hablado a solas, cosas que ya no podré hacer dentro de poco…y quería un recuerdo de una época muy bonita de mi vida- el principio de nuestra nueva vida.  Juntos, los tres. La familia que siempre he querido tener.

Buscar un fotógrafo en Salamanca no ha sido tarea fácil, porque hay muchos y, sin conocerlos tampoco puedes saber muy bien qué esperarte. Lo que buscábamos era una persona que nos transmitiera confianza, ya que ni mi marido ni yo no hemos sido protagonistas de muchos reportajes fotográficos en la vida y tampoco es que tengamos mucha confianza en nuestras cualidades físicas. Después de haber analizado webs y páginas de Facebook de estudios o profesionales de Salamanca y haber pedido presupuestos a un par de ellos, he decidido tirar también de conocidos, y …bingo, es así como llegué a Jaime, un fotógrafo de Salamanca muy majo y con muy buen ojo (Gracias, Dag).

Jaime tiene que haber flipado conmigo, porque yo empecé la sesión por decirle todo lo que NO quiero. Sin fotos del lado derecho, que no es mi perfil bueno. Sin fotos muy eróticas que luego no pueda enseñar a nadie. Que no se me vean mucho los pies, porque es lo que más ha engordado durante el embarazo (y la cara, pero esa sí que no podía esconderla en las fotos, aunque, ahora que lo pienso, un burka me hubiera venido genial)…y otras cosas por el estilo.

Como esa tarde de domingo que quedamos con Jaime se puso a llover, tuvimos que hacer todas las fotos en el interior, una pena por no haber podido disfrutar de lo bonita que es la ciudad de Salamanca. Pero cuando nazca la criatura la sacamos de paseo y ahí en el medio de la Plaza le saco sus primeras fotos para el book.

Jugamos con varios outfits, accesorios, y al final yo creo que salieron unas fotos muy bonitas, que nos recordarán para siempre que nuestra pequeña ha salido de una barriguita para completar nuestras vidas. Jaime y Sandra nos han hecho sentirnos muy cómodos (tan cómodos que yo en la mayoría de las fotos salgo en sujetador, se me ha olvidado que yo no quería fotos con poca ropa) y por aquí queremos darles las gracias por ser como son. Muy majos, y a la vez profesionales, cosa que, hoy en día, es bastante difícil de encontrar.

Os dejo con algunas fotos del reportaje, aunque no seamos perfectos y no tengamos cuerpos de modelos (sobre todo yo, jajaja), creo que lo importante es lo que transmiten las fotos. Jaime ha conseguido capturar con su objetivo lo que dicen nuestras miradas: que nos queremos mucho y que esta pequeñaja que no quiere salir aún a conocer el mundo va a ser la niña más adorada, para la que vamos a ser capaces de hacer cualquier cosa.

PD: Si os queréis poner en contacto con Jaime podéis hacerlo a través de su página de Facebook o su web.

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