Quiero ser una madre perfecta…

Me gustaría ser una madre perfecta, que no entra en pánico cuando el bebé tiene cólicos por primera vez. Que pueda mantener la calma y no correr gritando “Ayudaaaa”.

Una madre que tampoco sale corriendo cuando el bebé tiene cólicos por segunda vez, o cuando padece cualquier otra enfermedad parecida. No llamar al médico cinco mil veces y no perder el tiempo en internet buscando cosas como “qué le pasa al niño si está sacando la lengua” o “si ha hecho hoy 67 gramos de caca ¿está bien o mal?”.

Me gustaría ser una madre que no se da a las drogas cuando el niño empieza a andar y tiene la sensación de que se va a dar hostias contra todas las paredes o los muebles. Y, cuando lo va a hacer, recordar que, de pequeña, yo casi me quiebro la cabeza cayéndome en la montaña (sí, así se explica mi estado actual).

Me gustaría ser una madre perfecta, que no empieza a llorar cuando su hijo se cae de la bici por primera vez y le sangra la rodilla. Y recordar que yo con 14 años he conseguido hacer que una bici no se pueda volver a usar nunca por la forma en la que la rueda se ha retorcido al darme la mayor hostia de mi vida.

stock-footage-mother-holding-baby-s-hand

Ser una madre que no le dice a su hija (uy, ¿y si el miércoles me dicen que es hijo?) cómo vestirse, a qué hora volver a casa y qué carrera debería seguir. Confiar en que es capaz de tomar ella misma decisiones y pensar que esas son las mejores decisiones para ella.

No volverme loca cuando me voy a dar cuenta de que ha empezado su vida sexual y, de nuevo, confiar en sus decisiones y su capacidad de elegir lo mejor. Me gustaría ser una madre perfecta que, al entender que mi hija está sufriendo por culpa de un idiota, pueda no hablarle sobre todos los idiotas que me han hecho a mí sufrir, dejarla llorar hasta que ella sola entienda que el que te hace llorar no merece ni que le mires. En ningún caso quererle.

Quiero ser una madre perfecta, con todas las cosas que eso supone. Punto.

Y si no voy a conseguir hacerlo, quiero que quede por escrito que lo he intentado. Que he querido serlo.

En el fondo, sé que no hay una madre perfecta. Pero, mientras haya amor y haya confianza, no pasa nada por no ser perfecto. ¿Es mejor no serlo que fracasar intentándolo una y otra vez, no?
Una madre imperfecta escribiéndole por primera vez a una hija que sí va a ser perfecta. Mi mundo.