Nunca.

Nunca supe cómo dibujar una lagrima, aunque a lo largo de los años haya regado con sal muchos hombros que han estado allí, para mí, para mis tristezas.

Nunca supe cómo dibujar un corazón, ni en el aire, ni en papel, siempre me han salido imperfectos, torcidos, tristes. Aunque haya tenido mi corazón en mis manos tantas veces, ofreciéndolo a demasiada gente que no lo merecía.

Nunca supe cómo dibujar rostros, aunque haya girado la cabeza tantas veces, intentando ver dónde estás. Buscándote con la mirada. Intentando encontrar por lo menos algo pequeño que me recuerde tu sonrisa.

Nunca supe cómo pintar sonrisas, aunque la tuya la tenga impregnada en mi mente.

No soy una artista, nunca lo he sido y nunca lo seré. No supe dibujar nunca ni una sola cosa, cuando podía imaginarme el universo entero. Nunca supe ofrecer una pequeña parte de mí, cuando podía ofrecerlo todo. Y te he ofrecido demasiado.

Tantas noches seguidas has aparecido en mis sueños, besándome las lagrimas, quitando mis penas, mi dolor, la tristeza. Y el mismo número de veces me he despertado sola, sin que estuvieras a mi lado. Porque tú nunca has estado allí.

Y nunca lo estarás.

pic-lips

Still

Me he acostumbrado a estar rota, en pedazos de tristeza, y esto me hace pensar con morbosidad en que me tengo que reconstruir, ladrillo a ladrillo, sentimiento a sentimiento…sólo para cumplir con mi curiosidad, a ver qué sale…y de esta lucha parece que he salido siniestro total.
Estoy más triste de lo que le está permitido saber a mi madre, más impotente de lo que él podría entender, pero más lista de lo que cualquier de vosotros lo piensa.

La vida NO es como la vemos en las películas

Lo siento, chicas, pero es así, y tengo que empezar el artículo así para que se entienda desde el principio que el objetivo de éste es demostrar que planeamos nuestras vidas en base a historias y sueños irrealistas. Lo que nos hace parecer tontas a veces. La vida NO es lo que vemos en las películas. Ojalá lo fuera.

Crecemos leyendo cuentos con princesas y príncipes, escuchando canciones cuyas letras memorizamos para cantárselas a nuestro príncipe azul cuando lo conozcamos. Lloramos como si no hubiera mañana viendo Serendipity, Sweet November o When Harry met Sally. Soñamos con enamorarnos de  un chico simpático y guapo y cuando eso pasa de verdad lo regretamos (eh, que “regretar” debería existir en español).

¿Y por qué todo esto? Yo tengo mi teoría. Las altas expectativas hacia el amor, los hombres y la vida misma que tenemos se deben a las películas hollywoodienses. En las películas todo es bonito y fácil. Ella se enamora de él y él, al verla pestañeando, le devuelve los feelings.  Correr bajo la lluvia es tan romántico que ninguno de los dos se pone malo (que es lo que pasa en la vida real). Después de una night stand noche juntos (que me dice Helen que night stand no se dice en español y la otra frase que me ha dado, polvo de una noche, no me gusta) los dos se enamoran (y no, no cada uno de otra persona). Y los ejemplos pueden continuar…Pues no, en la vida real NO es así.

Si esperáis que os pida la mano así

O así

(jo, y estas ni siquiera son películas de Hollywood)

Si pensáis que os puede declarar el amor de esta manera

I love that you get cold when it’s 71 degrees out. I love that it takes you an hour and a half to order a sandwich. I love that you get a little crinkle above your nose when you’re looking at me like I’m nuts. I love that after I spend the day with you, I can still smell your perfume on my clothes. And I love that you are the last person I want to talk to before I go to sleep at night. And it’s not because I’m lonely, and it’s not because it’s New Year’s Eve. I came here tonight because when you realize you want to spend the rest of your life with somebody, you want the rest of your life to start as soon as possible.

Está claro. Las comedias y libros románticos con sus finales felices os han arruinado la visión de la vida y el amor. “Felices para siempre” no existe. Las relaciones reales tienen sus cosas buenas y malas, sus momentos de “quiero que me tengas ahora mismo, aquí” y momentos de “aléjate de mí que esta noche no te quiero”.  Para llegar a estar contento con lo que tienes debes trabajar duro, porque el amor requiere más que fuegos artificiales.

Y si te cansas de luchar…pues si te cansas no hay final feliz. Que alguien se lo diga a todas las niñas de 18 años que piensan que se van a casar con el novio  que tienen desde los 16 y al que seguro que van a dejar cuando éste empiece a follarse a otras…porque no, la vida no es como nos hacen creer que es en las películas y con 17-18 años, no puedes pensar en follarte toda la vida a la misma persona.

PD: Mi mala leche se debe al muro lleno de corazoncitos que tengo e irá aumentando a lo largo de esta semana, porque el viernes es el gran San Valentín…

Je danse :-)

Si hay alguna cosa sin la que mi vida sería muy triste y gris, es la música. Vale, y el café, pero creo que la música la echaría de menos incluso más. Encender el portátil para poner la radio (mmmm, sí, escucho la radio de Rumanía online, para empezar el día por lo menos pensando en rumano si a lo largo del día se me va la pinza en otros idiomas) es lo primero que hago por las mañanas. De camino al trabajo escucho música en el móvil y al sentarme a trabajar, es muy probable que me ponga de nuevo a escuchar la radio. Siempre he sido así, me acuerdo que de pequeña hacía mis deberes escuchando música o viendo la tele a la vez. Y en el trabajo me concentro mucho mejor con música, así se me va menos la pinza.

A lo que iba, que hoy estaba escuchando la radio cuando he oído una canción que no había escuchado nunca y me ha FASCINADO. Lo bueno de escuchar radio online es que siempre sabes de qué canción se trata, hice una búsqueda rápidamente en Youtube y he dado con esta chica francesa. Y la he seguido escuchando un par de veces…bastante. Mucho. Vamos a decir que unas 20 veces, aunque es posible que hayan sido más.

“Dernière Danse”, la canción de Indila, cantante R’N’B francesa, cuenta la historia de una joven extranjera que lucha todos los días contra el racismo y los perjuicios. No me voy a poner ahora a analizar la letra de la canción, aunque sí es verdad que me identifico en muchos aspectos (y eso que al escuchar por primera vez la canción no entendí bien de qué iba, mi francés está un poco abandonado en la cajonera debajo de otros idiomas). Pero es una canción que te entra en la cabeza y si le das un par de vueltas se convierte en una canción para escuchar todos los días. ¡Y es que yo soy experta en dar vueltas a las cosas!

Indila Dernière Danse